Florecer en el desierto

¿Es acaso eso posible? Pues dice la biblia en Mateo 19, 26 que “para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible“, con esto dándonos a entender que aun aquellas cosas que no nos podemos imaginar como lógicas o reales, para Dios lo puede ser, pues “Sus pensamientos no son los nuestros” (Isaías 55, 8). Con este título, me quiero referir a dos cosas: 1) literalmente a que sí hay unos maravillosos casos de escasos desiertos que florecen, 2) quiero hacer un símil para tu vida, en donde verás que aun en circunstancias donde todo está adverso y parece no haber esperanza, tú puedes florecer!
El extraño fenómeno que hace florecer el desierto

Le llaman “el milagro del desierto”, pues por lógica cuando pensamos en desierto, nos remontamos a aridez, sequía, vacío, calor, características totalmente adversas como para que una planta crezca y encima de eso, florezca. Esto ocurre en el desierto de Atamaca, en Chile, el cual ¡es el más árido y soleado del mundo!
Pero mira algo, aunque las aguas superficiales de este desierto son prácticamente inexistentes, esconde reservas de aguas subterráneas que fueron recargadas hace miles de años, y tiene que ver con los procesos geológicos, geomorfológicos, hidrológicos e hidrogeológicos que ocurrieron en el norte de Chile.
Ahora bien, vámonos al símil con tu vida…
Sin duda alguna, hay momentos de nuestra vida en los que todo parece “irse a pique” como decimos los dominicanos, refiriéndonos a que se va a arruinar. Triste es también cuando es en asuntos a los que le hemos dedicado mucho esfuerzo, ilusión, hemos perdido horas de sueño, etc. Pues hay cosas que se nos salen de las manos o elementos externos que no podemos controlar y no esperábamos.
Cuando terminé el bachillerato, iba a ingresar a una universidad pública, porque no contaba con los recursos para acceder a una universidad privada. Sin esperarlo fui sorprendida con una beca en una de las universidades más reconocidas de mi país (el Instituto Tecnológico de Santo Domingo –Intec); digo que fui sorprendida, porque no la busqué, simplemente me avisaron que el Distrito Educativo había seleccionado algunos estudiantes de algunos centros para otorgarle esa beca auspiciada por el Banco Central de la República Dominicana. No obstante eso, patrocinado por Claro Dominicana, me fue otorgado una computadora y un celular. Yo estaba en shock, estaba viendo un maravilloso fruto de haber cursado la escuela con tanto sacrificio (estudiaba bastante lejos de donde vivía, y me trasladaba en transporte público más unas cuantas caminatas a pie).
Me recuerdo que todo fue tan rápido, el año escolar finalizó en Junio y las clases en Intec empezaban en la primera semana de Agosto, por lo que el proceso de inscripción, examen de admisión, etc, había que hacerlo de inmediato. Todas las gestiones de obtener los documentos de lugar, las hice yo misma y recuerdo un día que salí a resolver parte del papeleo, que tuve que caminar unos 5 kilómetros a pie, con un tremendo sol, porque el pasaje no alcanzaría para tomar el último transporte para llegar a mi casa. Pero esto no fue nada, para los otros sacrificios que se avecinaban al entrar a la universidad, quienes estudian o estudiaron en Intec, entenderán mejor, jaja.
Para conservar aquella beca, tenía la obligación de mantener el promedio por encima de 3 puntos. En resumidas cuentas, por momentos pensaba en que eso no sería posible, porque se reunían el estrés, el cansancio, la frustración con la preocupación y como que se empezaba a secar la tierra. Justo en esos momentos de frustración, me obligaban a hacer una pausa en ese desierto y me recordaba aún más que quién me había puesto allí, también me había dado reservas de agua profundas, que requerían que me detuviera, las descubriera, y las hiciera salir a la superficie en mi auxilio.
¿A qué se refiere esto? Los desiertos son para un propósito, lee Oseas 2,14 “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón”. Es decir que Dios nos lleva al desierto para hablarnos y la clave para salir del mismo es escuchándolo, pidiendo el discernimiento para entender y esperar pacientemente respuesta, pues yo misma he confirmado que Dios da respuestas a las oraciones. Lo que ocurre es que no necesariamente te va a hablar textualmente como una persona, pero sí se auxilia de detalles, acontecimientos, su palabra y hasta de otras personas para mostrarte la respuesta. Y algunos dirán, ¿pero cómo se escucha a Dios? Con oración humilde, constante y confiada, pues dice la Biblia que “Al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás” Salmo 51, 17.
El reto está en mantenerte atento y con oídos y corazón abiertos, ansiosos por escucharle. Pues está escrito en 1 Juan 5, 14 “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye”; y en Jeremías 33, 3 “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”.
Volviendo al ejemplo de mis vivencias en la universidad, dejo claro que obvio esto es prácticamente nada, para las dificultades que se nos pueden presentar en la vida, pues pasar o no de buena forma la universidad, no necesariamente definirá cómo nos irá en la vida. Para gloria de Dios, finalicé manteniendo la beca con buen índice académico. En estas experiencias acontecidas, en las que vi como Dios hacia brotar agua de donde yo no me imaginaba, me sirvieron para afianzar mi fe, y poder enfrentar otras situaciones en donde recordé sus grandes promesas. Una de estas es:
“Que se alegren el desierto y la tierra seca, que con flores se alegre la pradera. Que se llene de flores como junquillos, que salte y cante de contenta, pues le han regalado el esplendor del Líbano y el brillo del Carmelo y del Sarón. Ellos a su vez verán el esplendor de Yavé, todo el brillo de nuestro Dios.” Isaías 35, 1-2
Para orar no necesitamos ser expertos, a orar se aprende orando; lo que sí te comparto es lo que a mi experiencia es clave para una oración eficaz:
- Con fe, no dudando
- Humilde, no exigente ni un intercambio
- Constante, no un día sí y otro no
- Paciente, esperando el tiempo de Dios
- Sincera y con arrepentimiento, pues Dios conoce nuestros corazones
- Con oídos atentos
- Íntima, dándole prioridad y espacio exclusivo para la misma
Estoy 100% segura que se verán los frutos de tu oración y recuerda que estos frutos no necesariamente será lo que queremos, pero sí será lo mejor que Dios ha preparado para ti.
No importa el momento de dificultad, aférrate a las promesas de Dios y busca el agua viva que te hará florecer en el desierto.
Te invito a que si lo prefieres, nos compartas tu experiencia o testimonio.
¡Bendiciones!
Karina